El riesgo de la opinión en México

Es de valientes dar la cara, aún más, brindar una opinión en tiempos donde la tecnología expone masivamente la información y los rostros de quienes la comparten. Asesinan a periodistas no sólo por lo que saben, también por el poder que tienen de multiplicar ese conocimiento; es por ello, que en lo que va del sexenio, siete periodistas han sido asesinados en nuestro país.

Resulta curioso, que dentro de las 59 actividades que reciben un salario mínimo distinto al general, la ocupación de reportero de prensa diaria impresa sea la cifra más alta ($248.09), tanto en la zona fronteriza como en el resto de la República. El hecho de que esto sea así, asume que el riesgo es mucho mayor para esta profesión, aceptando el peligro que se corre al 1) ser periodista y 2) en México.

¿Siempre ha sido así?

Para fines de este artículo, dividiremos los inicios del periodismo mexicano en dos momentos; época Novohispana, cuando existían los pregoneros, una figura encargada de informar a las personas, en plazas públicas, a través de la voz; e Independencia, con el surgimiento del diario Despertador Americano, bajo el brazo de Miguel Hidalgo.

En el primero, la información se encontraba estrictamente limitada por la supervisión de las autoridades coloniales, siendo torturados aquellos que “hablaban de más”; en el segundo, tras la derrota de los insurgentes en la batalla del Puente de Calderón, la publicación del periódico fue suspendida, la imprenta destruida y el editor principal, Francisco Severo Maldonado, fue llevado a juicio por los realistas y obligado a retractarse.

Los casos anteriores son sólo ejemplos de una radiografía histórica, de un fenómeno que se repite sin importar en qué época estemos; manifestación de agresiones, sangre derramada por decir la verdad, que, lamentablemente, es un problema, sí, atemporal, que atañe también a nivel internacional.

Resulta escalofriante que, en el panorama latinoamericano, la Unesco informe que SÓLO el 18% de los casos de periodistas asesinados en 2006-2017 han sido reportados como resueltos; y es preocupante que, en los últimos años, México encabece la lista de países con más comunicadores occisos. Esto más allá de mostrar cierta incompetencia por parte del sistema de justicia, hace ver que aparte de ser vulnerados, al realizar actividades derivadas de la recopilación y difusión de datos, ni siquiera aseguran a familiares una resolución digna del crimen cometido. Es indignante presumir una cartilla de Derechos Humanos, cuando éstos son violentados desde un tema tan natural como lo es la libertad de expresión.

La pregunta aquí es: ¿cuántas generaciones más, serán testigos de nuestro atraso en materia de protección de libertades civiles?

Es momento, de buscar la resignificación de nuestro derecho a compartir una opinión periodística, porque más allá de ser letra, no sólo impresa, puede ser el inicio de un cambio ideológico, de percepción o el fin de una vida que lo arriesgó todo por mostrar la verdad a quienes no podíamos verla.

Publicado por el portal http://www.laopinion.de

29 de marzo del 2019

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